JUAN Y CARIÑO

08 Feb JUAN Y CARIÑO

Hola Lirulés!

Os presento a mis dos nuevos amigos. Se llaman Juan y Cariño. Bueno, de hecho, ella se llama Carmen, pero Juan la quiere tanto que se ha permitido rebautizarla. Sí, son mis dos nuevos amigos de los domingos.

El último día de la semana siempre era un día muuuuy aburrido hasta que pasé por aquella plaza (que lleva años en el mismo sitio para que nos vamos a engañar) y la redescubrí. Cada domingo hay mercado de antigüedades, y allí donde antes veía objetos inertes, tristes y ocres, ahora se abría ante mi un universo creativo lleno de vidas por descubrir.

Empecé a aficionarme sin darme cuenta, removiendo papeles y libros aquí y allá. Me encanta el color añejo y las letras tipografiadas fuerte, fuerte, del papel. Luego, las revistas. Cuánto más antiguas, mejor. ¡Qué noticiones encontré en cada una de sus páginas! ¡No podía parar de leer! Y los anuncios… sin desperdicio (iré compartiendo algunos por si os inspiran tanto como a mí).

¿Juan y Car…Men? Sí, son en parte culpables de que ahora me gusten tanto los domingos. Me acerqué a su parada y en seguida me preguntaron por mi nombre (ellos sí que saben: “Ester!”. Ni “Asté” ni “Asé”! Ver post #1) y me preguntaron qué quería y qué buscaba… “Papeles con encanto, ¡no sé!”. Y como genios de la lámpara sacaron de debajo del mantel un sinfín de revistas y diarios de años á que me entusiasmaron.

A la semana siguiente, volví. Mi sorpresa fue cuando me mostraron una caja de plástico immensa llena de publicaciones antiguas que escogieron para mí -ya me calaron el gusto el primer día- y que tenían guardada por si volvía! Esto sí que es fidelizar al cliente… 🙂

Sí, lo confieso, el tercer domingo consecutivo que me acerqué a su parada ya me enamoré por completo de ellos. Y no hay marcha atrás. Me gusta verlos (¡Hola, Ester! ¡Hola Juan!) . Soy muy feliz cuando hurgo entre los papeles y trastitos de su mesa. Ah, eso sí, ya me han avisado que los domingos de lluvía no hay cita. Ningún problema. Revisaré las adquisiciones de las semanas anteriores.

Debo decir que a medida que visito el mercadillo voy descubriendo vida más allá de los papeles. Encuentro caras, animalitos, botellas, cajitas… y todas, todas, parecen decirme que me acerque, que a ellas, el tiempo no les regala arrugas sinó historias, sí, sí, como las que me apetece tanto escribir o pintar. Ui, cuánto saben, claro, son muchos años ya…

PD: un Lirulé es un lirón que come algas espirulinas mientras baila claqué.

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